Las horas que no producen

México Laboral

Por: Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

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Hay una pregunta que las empresas mexicanas deberían hacerse antes de preocuparse por cómo trabajar menos horas: ¿cuánto tiempo de nuestra jornada realmente produce valor? Durante décadas hemos asociado la productividad con la presencia. Llegar temprano, salir tarde y acumular horas parecía ser una señal de compromiso. Pero trabajar más tiempo no necesariamente significa producir más.

La discusión adquiere una nueva dimensión ante la reducción gradual de la jornada laboral. De acuerdo con la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), la jornada pasará de 48 a 40 horas semanales de manera gradual: 46 horas en 2027, 44 en 2028, 42 en 2029 y 40 en 2030, sin reducción de salarios ni prestaciones. El periodo de 2026 está destinado a que empresas y trabajadores ajusten sus procesos. Pero quizá el verdadero reto no sea hacer en 40 horas lo que hoy hacemos en 48. El reto será preguntarnos por qué necesitamos 48 horas para hacerlo.

Los datos recientes del INEGI hacen todavía más interesante esta conversación. En el segundo trimestre de 2026, el Índice Global de Productividad Laboral de la Economía, con base en horas trabajadas, aumentó 0.9% respecto al trimestre anterior y 1.7% a tasa anual. Sin embargo, en las industrias manufactureras la productividad laboral disminuyó 0.1% trimestral. Esto último debería llamar particularmente la atención a organizaciones industriales. Porque una hora pagada no necesariamente es una hora productiva. Una persona puede estar ocho horas en su puesto y, durante ese tiempo, esperar materiales, autorizaciones, mantenimiento, información o decisiones; asistir a reuniones que no requería; llenar formatos duplicados; corregir errores de procesos anteriores o resolver problemas que pudieron prevenirse. La persona está trabajando. El sistema, sin embargo, no necesariamente está generando valor durante todo ese tiempo.

Es ahí donde aparece el costo invisible de la productividad que no siempre está en la nómina. Está en los minutos de espera, los retrabajos, las reuniones innecesarias, los procesos burocráticos, la falta de capacitación, las decisiones lentas y las tecnologías que no están integradas.

El propio debate sobre la reducción de jornada ya comienza a moverse en esa dirección. En un análisis publicado por El Economista, Cristóbal Martínez Riojas señaló que transformar la gestión del tiempo será clave para reducir la jornada sin afectar la productividad, y especialistas consultados plantearon la necesidad de identificar las barreras que impiden trabajar con mayor agilidad. La reflexión, entonces, también corresponde a Recursos Humanos.

Durante años hemos medido ausentismo, rotación, horas extra, headcount y capacitación. Pero quizá necesitamos incorporar una pregunta adicional: ¿Dónde está perdiendo tiempo nuestra organización? Porque no toda ineficiencia es responsabilidad del trabajador. Algunas están diseñadas dentro del propio sistema. Si un operador espera 20 minutos por una autorización, no tenemos necesariamente un problema de desempeño del operador. Podemos tener un problema de diseño organizacional. Si una línea se detiene porque el material no llegó, agregar una hora extra al turno difícilmente resolverá la causa. Y si un empleado necesita trabajar más tiempo para compensar procesos innecesariamente complejos, quizá no estamos ante un problema de esfuerzo, sino de productividad.

La llegada de la jornada reducida puede convertirse, paradójicamente, en una oportunidad para descubrir esas ineficiencias. El desafío para las empresas será pasar de “¿cómo hacemos para trabajar más?” a “¿cómo hacemos para que cada hora genere más valor?”. Eso implica revisar procesos, tecnología, capacitación, liderazgo, planeación y, sobre todo, la manera en que medimos el trabajo. Porque el futuro del trabajo no debería consistir simplemente en trabajar menos. Debería consistir en desperdiciar menos tiempo.

Y quizá esa sea una de las conversaciones más importantes que Recursos Humanos puede poner sobre la mesa: no cuántas horas permanece una persona en la empresa, sino cuánto valor somos capaces de generar durante las horas que realmente tenemos. Al final, la productividad no se mide por cuánto tiempo ocupamos a las personas. Se mide por lo que somos capaces de lograr con su tiempo.

Por Héctor Fernando Guerrero Rodríguez, Infobaja 

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