Ya pasaron las fechas festivas, los días para dejar de llorar porque melancolía invasora y para animarte a quitar el arbolito de navidad. Te invito a poner en el reproductor de música The Police en especial Every Breath You Take, perdón soy cursi (esta no es una historia de amor, aclaro) pero estoy convencida de que la música puede ser un repelente de estrés.
Hablando sobre estrés y esas cosas que nos han hecho sentir mal alguna vez, por alguna extraña razón esta semana me topé con un amigo con quien curse la universidad, ya saben se dio una de esas conversaciones resumidas en las que sólo resaltan de 3 a 5 datos relevantes. Unas horas después de haber llegado a casa y haber tenido esa breve charla, no pude evitar sentirme una mala persona. Uno siempre se alegra de reencontrarse con personas con las en el algún momento de la vida compartió gustos, vivencias o ideas, y esta no fue la excepción, me sentí feliz por un amigo que ha logrado tanto en tan poco tiempo, crecimiento personal y profesional que no cualquiera logra, pero también me invadió un sentimiento lleno de frustración y celos. ¿Te ha sucedido? No pude evitar sentirme mal por pensar de este modo, sin embargo esto también me llevó a autoevaluarme, ¿Qué despertó este sentimiento en mí? ¿La comparación? El cuestionarnos el por qué alguien sí y nosotros no puede llegar a ser altamente tóxico para cualquiera, pero nuestra tarea es no permitir que este tipo de ideas se nos cuelen y tomar pensamientos alternos y cuestionarnos:
- ¿Qué estoy haciendo que no me está permitiendo lograr mis objetivos?
- ¿De qué manera podría alentarme más a mí mismo?
- ¿Qué está haciendo ese amigo que tu no para lograr sus metas?
- ¿El lugar en el que me encuentro me acerca más a donde quiero llegar?
Puede ser más difícil de lo que parece pero es importante recordar que para cada persona el éxito es subjetivo y que incluso a veces perdiendo se gana más.
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