El peligro de desaparecer oportunidades para recién egresados ante la IA

Futuro profesional

Por: Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

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Por Héctor Fernando Guerrero Rodríguez

Durante décadas, las oportunidades laborales para recién egresados junior representaron mucho más que un empleo de entrada. Eran el punto de inicio de una carrera profesional. Ahí se aprendía a trabajar bajo presión, a resolver problemas, a relacionarse con líderes, a entender la operación y, sobre todo, a desarrollar criterio. No eran únicamente puestos operativos; eran el esquema mediante el cual las empresas formaban a sus futuros especialistas, supervisores, gerentes y directores. Hoy, ese modelo empieza a fracturarse de manera imperceptible pero constante.

La inteligencia artificial está avanzando precisamente sobre las tareas más estructuradas, repetitivas y predecibles. Y casualmente, muchas de esas tareas son las que históricamente realizaban los perfiles de inicio. De ahí que la conversación que empieza a surgir es cuántos empleos desaparecerán o cuántos serán automatizados. Sin embargo, el verdadero problema podría ser mucho más grave de lo que parece ya que la interrogante que emerge es: ¿qué pasará cuando desaparezcan los trabajos donde aprendíamos a trabajar?

Lo anterior llama la atención después de que Eric Schmidt, ex CEO de Google, afirmara públicamente durante un discurso universitario en Arizona que los puestos de inicio (Junior) serán de los primeros en verse desplazados por la inteligencia artificial generativa. La reacción no fue menor. Los estudiantes lo abuchearon al escuchar sus declaraciones. Es evidente el temor de que el camino tradicional para construir experiencia profesional esté desapareciendo antes de que las nuevas generaciones siquiera puedan recorrerlo.

Y en realidad, la inquietud tiene sentido. Tradicionalmente, el crecimiento profesional siguió una lógica relativamente clara. Se comenzaba realizando tareas operativas, se adquiría experiencia observando y ejecutando, y gradualmente se asumían responsabilidades más complejas. Sin embargo, la IA está alterando precisamente ese trayecto. Hoy una herramienta puede redactar reportes, analizar información, programar código básico, generar presentaciones, resumir reuniones o responder solicitudes de clientes. Muchas de esas actividades eran, precisamente, el “campo de entrenamiento” de os perfiles junior. Aquí es donde la conversación deja de ser tecnológica y se vuelve organizacional.

Las empresas buscan talento con pensamiento estratégico, capacidad de análisis, criterio y toma de decisiones. Pero, al mismo tiempo, las posiciones donde históricamente se desarrollaban esas capacidades empiezan a reducirse o automatizarse. Queremos profesionales con experiencia y al mismo tiempo, paradójicamente, se eliminan los pocos espacios donde esa experiencia se construía.

Las nuevas generaciones podrían enfrentarse a un mercado donde existen menos espacios para aprender, menos tolerancia al error y menos procesos graduales de desarrollo. Históricamente, gran parte del aprendizaje profesional ocurría precisamente en tareas aparentemente simples. Ahí se aprendía a priorizar, negociar, interpretar contextos y entender dinámicas organizacionales. Eran posiciones que enseñaban algo más valioso que la ejecución técnica: enseñaban criterio.

Aquí es donde Recursos Humanos entra en un terreno completamente nuevo. Durante años hablamos de atraer talento, retener talento y desarrollar talento. Pero probablemente la siguiente conversación será distinta: preservar espacios de aprendizaje humano dentro de organizaciones cada vez más automatizadas. Porque si el conocimiento operativo empieza a ser absorbido por la IA, entonces el verdadero valor humano ya no estará únicamente en ejecutar tareas, sino en desarrollar pensamiento crítico, creatividad, adaptabilidad y capacidad de liderazgo. Y esas habilidades no se adquieren de manera automática.

Primero desaparecerán algunas posiciones junior. Después se reducirá la curva de aprendizaje. Más adelante comenzaremos a notar perfiles técnicamente eficientes, pero con mayores dificultades para manejar ambigüedad, liderar personas o resolver problemas complejos sin apoyo tecnológico. Porque la inteligencia artificial puede acelerar tareas. Pero no necesariamente acelera madurez profesional.

Tal vez por eso la reacción frente a las declaraciones de Eric Schmidt fue tan visceral. No era únicamente miedo a perder empleos. Era algo más profundo: la percepción de que el camino tradicional para construir una carrera profesional empieza a desaparecer antes de que exista una alternativa clara para reemplazarlo. ¿quién enseñará a trabajar cuando los trabajos donde aprendíamos a hacerlo ya no existan?

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