“El apresurado trabaja doble”. Bien puede leerse como algo que nuestra madre nos diría. Frase tan llena de razón, basta reafirmarlo con tan solo cuestionarnos cuántas veces no hemos tenido que hacer de nuevo alguna actividad o trabajo por la prisa que llevábamos y claro por lo mal realizado que estaba.
Te cuento que por la prisa la semana pasada olvidé guardar un documento, dos horas mal invertidas; dos horas que no volverán y dos horas que inspiraron este post. No hubo preocupación alguna por un llamado de atención, lo que me causó conflicto fue la pérdida de tiempo ¡qué mala suerte! Pero no se trata de mi mala suerte, si no del modo en que perdemos el tiempo en el ámbito laboral a causa del estrés, sumándole los tiempos ajustados de entregas y las interrupciones necesarias (correo, teléfono, etc), bueno algunas veces necesarias. El estrés nos acelera y descontrola, lo que regularmente nos conduce a tener que hacer las cosas dos veces, sin embargo, debemos aclarar que la calma y la lentitud no necesariamente nos hacen menos productivos. Pensar, escuchar y actuar con calma en definitiva nos ahorrará algunos errores y conflictos pero sobre todo nos hará sacarle mayor provecho a nuestro tiempo.
¿Cómo desacelerar el ritmo y continuar con nuestras actividades tranquilamente? Para ello es indispensable comprometernos de manera individual al llevar a cabo alguna tarea o entrega. Es decir, es importante definir el tiempo que requieren y el que le asignaremos. Debemos recordar que el objetivo de trabajar despacio es mantener centrado el rumbo de nuestros proyectos y disminuir los efectos que el estrés nos puede acarrear.
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